Los gordos de Lima

Renuncia Jorge Alvarez a la presidencia del Incaa y declara sentirse esterado. Se va un coimero títere de Coscia, viene otro. La caja del Incaa sigue siendo un recurso para la política. Artículo publicado en el Diario Crítica.

  • LOS GORDOS DE LIMA

Renuncia Jorge Alvarez al Incaa

Publicado en Diario Crítica. Marzo de 2008.

Por Eduardo Montes-Bradley

Me desayuno que Álvarez se fue estresado. Me cuesta creerle, el estrés está asociado al exceso de trabajo y si hay algo que caracterizó la gestión de Álvarez fue el relax, los vuelos en primera a destinos inimaginables. Pienso: Detrás de la súbita renuncia tiene que haber algo más. Las cabezas del Incaa no renuncian, se reciclan en diputados o se van silbando bajo. Sigo leyendo Clarín: “Me voy con la tranquilidad de haber logrado acuerdos de cooperación y de haber incrementado la producción de cine nacional.” Coincido, cooperación acordada parece haber tenido según se desprende de los expedientes incautados por la justicia el día 5 de marzo, donde constan acuerdos de producción del Incaa con Maíz Producciones de Pablo Rovito. De estos acuerdos surge que la “producción de cine nacional” aumentó en más de medio centenar de películas que no existen, no se hicieron o están a punto de hacerse pero que ya se cobraron en violación a todas las reglamentaciones que rigen las relaciones entre la institución y los productores. Sin embargo, entre los expedientes secuestrados no figuran al menos otros dieciséis tercerojotas contratados con empresas del mismo grupo económico durante la gestión de Álvarez de lo que se desprende que Rovito, socios y amanuenses se llevaron un choclo y no-produjeron por un monto superior a los siete millones de pesos, bastante más del doble de la suma contenida en la infame valija de Antonini Wilson.

Se me ocurre que no debió ser el estrés lo que determinó la renuncia de Alvarez sino el allanamiento del Incaa y la presunción de que con el ingreso de la División Delitos Federales de la Policía a Lima 319 se vulneraba la madriguera. Pido otro café. Leo entre líneas: donde dice “acuerdos de cooperación” pienso en “asociación ilícita”; donde dice “incrementado la producción de cine nacional”, pienso en “enriquecimiento ilícito”. Eso sí, la excusa para llevar adelante los proyectos fue patriótica y solidaria. En nombre de la integración latinoamericana se no-hicieron más de cincuenta tercerojotas (Exp. Incaa 4395/04), en nombre de las víctimas de la AMIA se armó un buen paquete (Exp. Incaa 80/04) cuyos beneficios estaban destinados a asociaciones de bien público que nunca vieron un mango. Lucrar con el atentado a la AMIA me parece particularmente desagradable, pero no menos desafortunado que hacerlo en nombre de la soberanía austral, la solidaridad con el Caribe, los pingüinos, las focas y el tatú-carreta.

Con Maiz Producciones el tercero-joda entraba en una nueva etapa en la que lo que ya no importa el documental, ni documentar, sino facturar y pasar por caja. En ese plan no solo debieron enriquecerse los ejecutivos como se supone, sino también los gerentes cómplices del Incaa que comenzaban a sorprender, con voluntad primeriza, en los freeshops de los aeropuertos. Algunos de esos gerentes -con iPod incorporado- había ya trabajado para las mismas productoras cuyos expedientes hoy están en manos de la justicia. Por momentos tengo la sensación de que Maíz Producciones hubiera tomado el Incaa por asalto y que a la cabeza de la gesta galopa hidalgo el incaansable Pablo Rovito, líder indiscutido de los gordos en Lima 319.

Me pido un último café y vuelvo a las declaraciones del renunciado en Clarín: “Me queda una deuda que es la de vincular al público argentino con sus cineastas.” – “Es cierto Jorgito, pero para eso tendrías que haberte asegurado que las películas las estuviera haciendo los cineastas que para ellos se creó la Ley de Cine. Hubiera sido bueno, pero quién te quita lo bailado macho.”

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