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Cuernos

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CUERNOS

 

Anterior al advenimiento gesticular representado con el dedo mayor extendido y el resto retraídos, existía un indiscutible signo de desestimación manifiesto en forma de cuernos: Mano extendida hacia adelante, dedos índice y meñique extendidos a la vez que el anular y mayor era sujetados contra la palma de la mano mediante una leve presión del pulgar lo cual le daba mayor rigidez y extensión a los otros dos. Este último gesto de desprecio suele venir acompañado de un grito de guerra en voz de quien profiere el citado agravio: ¡cornudo! (pl. cornutti), en tanto que la versión anglosajona de la que nos ocuparemos más adelante es acompañada de un mucho más inofensivo y simple ¡fuck you! repleto de significados asombrosos.

La noción de cornudo proviene –según nos hace notar Voltaire en su Diccionario filosófico– de la idea de adulterio, según la cual existe un principio de falsedad en las relaciones extramaritales (lo cual el mismo Voltaire pone en duda). La adulteración es la sustitución de algo genuino por otra cosa que no lo es, el agua en el vino, los huevos de un pájaro en el nido del otro, etc. Según describe Voltaire meterse en el lecho ajeno es una forma de adulteración como puede serlo la modificación de un documento público o la improvisación de una llave que abre la puerta del vecino. Al respecto Voltaire cita a el naturalista Plinio: “Coccix ova sublit in nialienis; ita plerique alienas uxores matres” En otras palabras “El cuclillo deposita sus huevos en el nido de otros pájaros; de ese modo muchos romanos hacen madres a las mujeres de sus amigos”. De manera que el cuclillo, que da origen al término cornudo, es el que se mete en la cama con la mujer del otro y no el otro como se supone. El atribuirle la condición, siempre en términos peyorativos, de cornudo al dueño de casa (y por extensión de la mujer) es francamente aberrante. En primer lugar porque el pobre tipo, además de ser despojado en uso y usufructo de lo que es suyo en ley (civil y divina) tiene que soportar que se lo humille hasta el hartazgo. 

La idea de propiedad que prevalece tanto del hombre hacia la mujer como de la mujer hacia el hombre es un legado que debemos a un decreto de Gregorio Ixúnico responsable del carácter irremediable del matrimonio. Cabe destacar que la palabra divina nada establece al respecto y así como suele haber quienes son más papistas que el Papa no faltaron quienes como Gregorio IX se creyeron más divinos que Dios decretándonos la existencia hasta el hartazgo para complacer sus pequeños delirios regentes. Pero la cuestión es que el decretazo citado fue convalidado por siglos de dominación cristiana y durante ese tiempo fueron afirmándose nociones que aún perduran en las relaciones humanas como muchas que arrastramos felizmente desde las cavernas.

Pero regresemos al tema de los cuernos, siempre mucho más interesantes y que no es el único caso en el que uno, hombre de bien asaltado en su buena fe, es considerado por sus prójimos como un imbécil; muchos otros sufren el desprecio de los oportunistas: el oficinista que se levanta para ir a trabajar y vuelve a dormir a sus casa todas las noches es un boludo; el que no llora no mama; el que trabaja en su puesto del mercado de sol a sol es un tardado porque podría estar manejando un taxi y currando a los turistas en Ezeiza. Podríamos concluir así que el propietario de la mujer adulterada (y no adúltera) es árbol caído del que hacen leña los adúlteros y sus simpatizantes. Pero la noción de los cuernos asociada al tema que nos ocupa, es anterior a las observaciones de Plinio. Para los griegos, idea que se perpetúa en la actualidad, el hombre de la casa estaba representado por el macho cabrío, la pareja natural de este espécimen es la cabra la que, como se sabe, es tan puta como las gallinas y dada al trato lisonjero y la vida disipada. Los griegos llamaban hijo de cabra al bastardo de la misma manera que los españoles –por extensión–  llaman a los hijos de puta cabrones. Ser cabrón es ser un hijo de puta o hijo de cabra pero no de macho cabrío sino de adúltero. ¿Confuso? Esto no es nada, peor la pasó mi primo Alberto que tuvo un hijo y aún no ha podido descubrir quién es la madre del borrego.

Pero en la humillación del desprevenido cuyo nido ha sido adulterado predominan algunas cuestiones que aún nos quedan por desentrañar. Victorio Berti, en su tratado sobre Estados Asociados con el Menosprecio y el Tercer Milenio, destaca “Más complejo era el hombre que imaginaba el agravio a través de la humillación de un tercero,  vale decir, contemplando dentro del insulto acometido a la mujer, (hermana, madre, novia, etc.) y recordarle al otro merecedor del agravio lo que ésta podría estar haciendo mientras él pasa un semáforo en rojo, salpica con agua a los que esperan el colectivo, se cuela en la fila del banco con flores para la cajera, etc.” Arguello & Bermúdez, Ediciones del Cuerno, página 26, 1973.

El más moderno y políticamente correcto fuck you, representado por el dedo mayor extendido, es menos imaginativo y sus orígenes  poco y nada tienen que ver con la homosexual idea de que el otro, por sólo así plantearlo, fuese a sentarse en el dedo de uno provocando en éste el efecto deseado. Por un lado, es posible que más de uno interprete y se motive, por otro es probable que no hable inglés y por lo tanto se pierda el 50% de la agresión dispensada. Y por último, es casi seguro que quien lo profiere, haya visto demasiadas películas americanas y tampoco sepa de dónde proviene la forma que a elegido para manifestar su enfado contrariando al prójimo con la simple erección de uno de sus dedos.

Orígenes del dedo extendido: (composición tema:  el  dedo). Corrían los años de la guerra entre norteamericanos y franceses por los territorios de la Louisiana. Los primeros utilizaban, por aquel entonces, una especie de rifle, predecesor del tipo winchester, que requería el uso de una palanca de ajuste de la munición en recámara para lo cual se utilizaba el dedo mayor ya que el uso del índice estaba destinado al gatillo percutor y los demás dedos eran demasiado débiles para accionar el mecanismo en cuestión. Cuando los franceses capturaban un combatiente americano, lo primero que hacían  era cortarle el dedo mayor para que no pudiera accionar su arma convenientemente en caso de que fuera puesto nuevamente en libertad como, curiosamente sucedía en aquellos tiempos y en aquel lugar. Cuando los franceses y americanos se encontraban en el campo de batalla, cara a cara,  éstos últimos blandeaban el dedo mayor en franco (por lo de franceses) y abierto desafío. Ahora bien: ¿y qué del fuck you?: bien, no existen indicios entre las voces inglesas del fuck, aunque sí del you (segunda persona del sing.). Aparentemente su origen se remonta a los mismos tiempos y al mismo lugar geográfico de la anterior. No sería fuck sino pluck. Transitive verb: to pluck, remove the feathers from, desplumar. Remover las plumas como solía hacerse por aquel entonces y hasta el día de hoy con los pavos y otras aves no más afortunadas. Los americanos, que despreciaban al enemigo galo, solían proferirles, a manera de insulto, de una trinchera a la otra, gritándole a quienes consideraban amariconados debido al uso de sus plumas imperiales en sus uniformes y su actitud en general arrogante, putocrática y bellaca, de la siguiente manera: Pluck you! lo que equivale a decir: ¡te desplumaré como a un pavo!,  amén de otros epítetos no menos agraciados por la inspiración popular tales como ¡Galo, compadre!, ¡Ya van a ver, ya van a ver!, etc.

Con el correr de los años, la imaginación del hombre empobreció y su nivel de creatividad disminuyó notablemente circunscribiendo la mayor parte de los insultos comunes a cuestiones que hacen a la sexualidad del oponente, la hombría, el himeneo de su hermana, etc.

Finalmente, y asociando uno con otro, es decir el dedo y la degenerativa versión de la amenaza de desplume se perpetua en la memoria popular con la percepción de que fuck es sinónimo de coger, aunque en signo y significado coger tenga poco y nada que ver con las implicancias que se le atribuyen. Lo que de hecho constituye un agravio de naturaleza intrínsecamente homosexual, considerando que por lo general este es un insulto que se profiere de un macho a otro, el otrora Plunk you! fue definitivamente mucho más bello (ver: Freud, Sigmund: “Fuck and other primitive forms of plucking a Duck”. Err. Sigmund)

 


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