FRÍVOLO
Al igual que Arcadia, Atlantis, Utopía y otros sitios no menos imaginarios, el que da lugar al término y la idea de frivolidad surge de la literatura. En este caso se trata de “El descubrimiento de la Isla Frivola” (circa 1750) de Abbé Gabriel Françoise Coyer.
Según nos cuenta Coyer, la isla en cuestión fue descubierta en uno de sus viajes por el Almirante Anton, un caballero inglés a pesar de lo poco británico de su afrancesado apellido. Quizás allí, precisamente, resida una de las primeras ironías del texto que pasamos a describir a continuación.
Según Coyer, el Almirante Anton descubre la Isla Frivola o Frivolous Island cerca de 1750 navegando en las proximidades de Juan Fernández. La isla, que da lugar al término que define una actitud desaconsejable, estaba gobernada por una suerte de emperador omnipresente al que sus súbditos llamaban (o se hacía llamar) “El Todo Elegante”. La capital de la isla y lugar en el que se encontraba el Palacio Real era la Ciudad Espiritual, atravesada por un río como pueden serlo aquellas poblaciones que atraviesa el Danubio. Frente al palacio, había una estructura que –según la desripción de Coyer– se ajusta ceñida a la idea que hoy podemos tener de un shopping de los que –como hongos– proliferan en todas las capitales brutalmente globalizadas.
Otra de las principales características de la isla es que todo en ella es endeble o débil o inútil pero indefectiblemente bonito o elegante como así también decorativo. Como ejemplo podemos destacar que los frívolos (habitantes de la isla de Coyer) tenían el hábito de criar caballos, bellísimas bestias que no servían absolutamente para nada; que no podían servir de monta ya que se quebraban debido a su delicadeza y que tampoco eran útiles para la labranza.
Abbé Gabriel Françoise Coyer, utiliza el recurso de haber creado un personaje imaginario que descubre un lugar inexistente construyendo una parábola que sirvió en su momento para definir rasgos de la decadente aristocracia cuyos afanes acabarían consumiéndose con las últimas brasas de la Bastilla. La frivolidad, vista desde ese lugar privilegiado que le concede el autor de “El descubrimiento de la Isla Frivola” es responsable de cambios fundamentales en el transcurso de la historia.
Saludable es el pensar que la ausencia de carácter, inteligencia y hasta la inutilidad de algunas personas, sirva, inevitablemente en la construcción de cambios que contemplan su propia eliminación.
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