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Falta poco para el 24 de diciembre y Santa Claus sabe que pronto deberá asumir
 

Papa Noel

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PAPÁ NOEL

Falta poco para el 24 de diciembre y Santa Claus sabe que pronto deberá asumir la personalidad de un gordo simpaticón y salir a repartir regalos a los niños y niñas del mundo. Pero los tiempos han cambiado y le cuesta admitir que el mundo ya no es un pañuelo como en tiempos en que los dioses se daban el lujo de romper todo tipo de records de atletismo. Hoy por hoy, se hace más difícil que nunca atender las necesidades de un planeta en franca expansión, menos incrédulo y definitivamente más pragmático.

Que un gordo vestido de colorado y cargando una bolsa entre y salga por la chimenea de una casa cualquiera sin pedir permiso es un verdadero desatino en los tiempos que nos tocan vivir. Que tenga que ser el mismo dueño de la casa quien instigue a la familia para que se vaya a dormir facilitándole la tarea al intruso sin considerar que éste pudiera aprovechar la situación para llevarse un televisor o las joyas de la abuela, constituye de por sí sólo un despropósito inconcebible. Fenómeno curioso si los hay en tiempos en los que por doquier aumentan los recaudos para impedir el acceso de extraños al hogar. Pero la sociedad moderna aún está dispuesta a realizar concesiones, a convalidar su fe en lo improbable, a soñar. A él, a Papá Noel, el buen hombre de barbas blancas, le dejamos la chimenea abierta y algunas golosinas para que él continúe estimulando el crecimiento de su ya voluminoso abdomen sin preocuparnos demasiado por nuestra seguridad, por los electrodomésticos, o por sus triglicéridos.

Pero, como veníamos anunciando, los días previos al 24 de diciembre, Noel saca cuentas de las posibilidades reales con las que cuenta buscando una solución al dilema que se le presentaba: “¿la empresa a su cargo es posible?"

Se sirvió entonces una tercera copita de kirsh y fijó ciertos límites prácticos a la fantasía dentro de los parámetros determinados por la experimentación científica, las leyes de las probabilidades, la física cuántica y la termodinámica. Analizando cuidadosamente informes de censos y estadísticas de Naciones Unidas Noel supo que la población mundial alcanza a los 5.300 millones de seres humanos y que de ellos, siempre siguiendo las mismas fuentes de información, unos 1.800 millones son cristianos y de estos últimos sólo un 30% son niños/as menores de 21 años en edad de merecer la visita de tan ilustre servidor.

Noel se acarició lentamente su barba, volvió a mojar sus labios en el alcohol, perdió la vista allende los hielos eternos de su jardín helado y concluyó que podía estimarse que sus visitas para el 24 de diciembre del corriente año afectarían a no menos de 540 millones de niños siempre y cuando éstos se hayan comportado debidamente. Sin embargo, sabemos que no es así, y que hay niños y niñas que mintieron, se masturbaron, robaron, asesinaron, pisaron a su tortuga, desearon a su prima o no tomaron la sopa con lo cual el número de postulantes calificados quedaría drásticamente reducido a 120 millones.

Entonces el viejo y astuto Noel realizó un nuevo cálculo tomando en cuenta que cada hogar cristiano alberga un promedio de 3,5 niños/as por hogar concluyendo que sus visitas se reducían exactamente a 34.285.714.

—La cosa no está tan mal —pensó Noel para sí mismo antes de terminarse una botella y amagar a descorchar la otra —si viajo de este a oeste —especuló, —ganaría con la ventaja que me ofrecen las diferencias horarias perfilando una jornada neta de treinta y una (31) horas en lugar de la habitual de veinticuatro.

Noel avanzaba en su propio infierno axiomático. De sus cavilaciones resultaría que debería visitar al menos 307,21 hogares por segundo para poder cubrir la totalidad antes prevista, lo que significa que por cada hogar cristiano con un niño ó niña de buen comportamiento, cuenta con exactamente: 0,0032551 segundos para:

Estacionar su trineo y bajarse,

Tiempo estimado: (0,0004068 segundos)

Subirse a la azotea,

Tiempo estimado: (0,0004068 segundos)

Descender por la chimenea,

Tiempo estimado: (0,0004068 segundos)

Llenar los calcetines dispuestos para tal menester con dulces y golosinas

Tiempo estimado: (0004068 segundos)

Distribuir los regalos al pié del arbolito democráticamente.

Tiempo estimado: (0,0004068 segundos)

Comer lo que gentilmente se le ha dejado sobre la mesa,

Tiempo estimado: (0,0004068 segundos)

Treparse nuevamente por la chimenea hasta la azotea.

Tiempo estimado: (0,0004068 segundos)

Subirse al trineo y dirigirse a la casa vecina.

Tiempo estimado: (0,0004068 segundos)

Asumiendo que cada una de estas 307,21 paradas por segundo, estén igualmente distribuidas sobre la línea del Ecuador (lo que sabemos falso cuando menos absurdo pero también está claro que si no le damos una mano no llega ni a palos – hacia el final de la jornada Noel habrá recorrido un total de 40,076.5 Km. También es cierto que Noel podría haber utilizado el camino más corto, la circunferencia en los polos = 40.008.6 Km pero es improbable que por esas latitudes encuentre a nadie en condiciones de recibir nada que no sea un calentador portátil.

Ahora bien, para cumplir con su cometido en todas las visitas, Noel requiere de 27.77 horas lo cual le deja 3.23 horas para recorrer 40.076.5 km. Algo poco probable a menos que se desplace a una velocidad de 12407,58 kilómetros por hora. es decir: 10.17 veces más rápido que la velocidad del sonido.

Las evidencias consiguen superarlo y enciende un cigarrillo por primera vez en trescientos veintinueve años. La única solución posible es la construcción de un trineo hipersónico y comienza a dibujar sobre el papel algunas aproximaciones relativas al viaje que resultan, cuando menos, interesantes.

Si se asume que cada niño/a recibe un juego de construcción de piezas de plástico tipo "Lego" (para cuatro jugadores) con un peso por unidad de 1Kg. el trineo debería estar cargando 120.000.000 kilos sin contar al conductor y lo que este pueda llevar en sus bolsillos o bolso de mano.

Considerando que un reno de mediana edad y peso promedio pueda arrastrar hasta 1500 Kg. a una velocidad promedio de no más de 25 km/h, serían necesarios 8.000.000 de renos para jalar del trineo así cargado. Y si cada reno (bien comido) pesa no más de 500 Kg., el total de la masa aerotransportada y condu-cida por Noel llegaría a pesar 4.120.000 toneladas, es decir: varias veces el peso del Titanic repleto de agua, sentado en el fondo del mar con todos los pasajeros que no pudieron escapar todavía a bordo.

Pero veamos: el peso por sí sólo no significa absolutamente nada y Papá Noel lo sabe (por eso sigue bebiendo y ya va por el quinto cigarrillo): estamos hablando de 4.120.000 toneladas impulsadas a una velocidad 12407 km/hr. Por lo pronto, podría deducirse que la parejita de renos punteros, experimentarían una fuerza gravitacional sobre sus delicadas astas que bien podría traducirse, de acuerdo a la primera ley de termodinámica en un equivalente aproximado a 14,3 quintillones de Joules de energía por segundo, lo que los convertiría en una bola incandescente que acabaría por exponer a las bestias que los secundan a una experiencia similar en menos de una trillonésima de segundo creando explosiones sónicas encadenadas y consecutivas. Como consecuen-cia, la totalidad de renos se vaporizaría en una unidad de tiempo aún inferior a la anterior.

A esta altura del análisis es posible que Papá Noel no esté interesado en saber que como resultado de haber experimentado una aceleración de 0 Km./seg a 12.407 Km./seg. en 0,001 seg. su cuerpo ha sido sometido a una fuerza de 17.500 atmósferas (G's) con lo que su gentil y grácil humanidad a quedado untada contra el respaldo del trineo con una presión superior a los dos millones de kilos quebrando todos y cada uno de sus nórdicos huesos, desintegrando sus órganos en el pro-ceso para finalmente reducirlo a una masa amorfa de rosadita y palpitante gelatina.

Si alguien aún cree que es posible lo felicito. Papá Noel sabe que es axiomático sostener lo contrario y está aprendiendo a vivir con las nuevas reglas de juego que propone la modernidad. Él –y no sólo él– sabe que no podría jamás sobrevivir la experiencia que le imponen los tiempos modernos, la globalización, la explosión demográfica, los avances de la ciencia y muchos otros aspectos que serían mejor dejar de lado para evitar que el tabaquismo y el alcohol conviertan a Papá Noel en un jubilado más.

 


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