Web 2.0HomepageReflexiones Salvajes → Pedos

Ya los antiguos le dispensaron a este fenómeno ventral de disímiles características una atención tan escatológica y penetrante como pueden llegar a serlo sus perfumes: Cicerón, Marcial, Hermógenes, Quintiliano, Horacio, Aristófanes, Claudio, Luciano y tantos otros.
 

Pedos

Suscripción al boletín







 
Enlaces patrocinados

PEDOS: CREPITUS VENTIS

Ya los antiguos le dispensaron a este fenómeno ventral de disímiles características una atención tan escatológica y penetrante como pueden llegar a serlo sus perfumes:  Cicerón, Marcial, Hermógenes, Quintiliano, Horacio, Aristófanes, Claudio, Luciano y tantos otros.

Cagar a pedos: castigo, pena en estado gaseoso. Derivado del proverbio Beréber (ver berberechos, pág.): Al que se ahoga sin agua que lo caguen a pedos.

 El pedo como forma de transporte: (primitivo), no llego ni en pedo.

 W. H. Auden (1907-1973),  poeta  norteamericano: Every man likes the smell of his own farts.

Antonin Artaud (1896-1948), francés, productor teatral, actor y pensador destacado: Where there is a stink of shit there is a smell of being

 m (färt) – intr. v. fart·ed., fart·ing., farts. Vulgar. To expel intestinal gas through the anus; break wind. Traducción: Expeler gases intestinales a través del ano. Romper vientos, hacer vientos. 1.Vulgar. A usually audible discharge of intestinal gas. Traducción: Una descarga, usualmente audible de gas intestinal. 2. Vulgar. SLANG. A mean, contemptible person. Trad.: Persona poco amable, agresiva. Phrasal verb: fart around. Trad.: Pedear  Vulgar. (SLANG): o fool around; fritter time away. farten.. Trad.: ¡Minga! (ver Minga).

Durante uno de los períodos más oscuros de la restauración dogmático vaticana en Roma, cuando todo se podía en nombre del Sumo Pontífice y los “progre” no eran más que un presagio en bocas de unos pocos y sumamente alterados campesinos, el mismísimo Santo Padre arengaba guardias suizos dos horas antes de que sonara diana con un cantito que según sabemos decía más o menos así:

Arriba muchachos que las cuatro son

viene Garibaldi con su batallón

déjenlos que vengan, déjenlos venir

que a fuerza de pedos los haremos ir.

La trova en cuestión, pone de manifiesta evidencia que la autoridad máxima de la Iglesia Apostólica Romana era consciente del alcance que tenía entre sus compatriotas la mención del gas intestinal (fart) aplicado a la lucha de clases.

Según Klauss Ungerch de la Universidad de Stäat, “Su Santidad utilizaba la palabra pedo (en alusión al estado gaseoso de la agresión) y no una de mayor calibre que implique solidez evitando, en carácter y forma, darle a Garibaldi (1807-1882) y al Risorgimento, movimiento que encarnaba, una estatura que el Papa no creía necesario otorgarle”. “Cagarlo a pedos” (A Garibaldi) o “hacerlo retroceder a pedos” era mucho más cristiano que lisa y llanamente “hacerlo mierda” como pretendían los sectores más recalcitrantes del Vaticano, que pre-valecieron después del Primer Concilio  (1869-1870). Por otra parte la acción etérea de los gases, dada su naturaleza– inocua no dejaba rastros ni huellas, elementos fundamentales a la hora de sopesar las armas considerando aquello de “el que tira la piedra y esconde la mano” (“las eses o pedos pintores dejan manchitas”, Pío IX).

“Conceptualmente,” volvemos a referirnos a Klauss Ungerch “la doctrina preconciliar (primero) de la Santa Madre Iglesia,  entendía que el procesamiento digestivo del pensamiento garibaldino era indispensable para evitar una mayor fermentación que ponga en peligro la institución eclesiástica en el resto de Europa”. El tiempo y el devenir de los acontecimientos demostraron la falibilidad vaticana. Este pequeño percance no pasará desapercibido y será resuelto mas tarde, vía el Concilio antes citado en el que por decreto Pío IX sella para siempre, aunque más no sea empíricamente la supremacía papal y la infalibilidad de la Iglesia (Pastor Aeternus, 18 de julio de 1870). Durante lo que se conoció como Primer Concilio Vaticano o vigésimo concilio ecuménico,  reconocido por la Iglesia Católica Romana, se enmienda  lo que no tiene enmienda y se determina que aunque el Papa no tenga razón la tiene, y que aunque se equivoque acierta. La protesta fue generalizada entre los quinieleros romanos que consideraron la Pastor Aeternus profundamente sectaria, arbitraria y perjudicial para sus propios intereses.

El tiempo también les dio la razón y tres kioscos vecinos a la Plaza San Pedro a los que solía acudir Pio IX con las fijas del Padre Eterno se vieron forzados a cerrar.

El pedo debe ser siempre ruidoso para espamentar el enemigo, ya lo djo Horacio: Nam displosa sonat quatum vesica pepedi.

Aunque no siempre se trata de un arma digna de ser empuñada (o desalojada), para Saint Evremont el pedo tenía una consideración digna de ser expresada en verso a su amada al tiempo que se rajaba un soberbio pepedi para decirlo en latín que queda mucho más finoli:

Mi corazón, indignado de disgustos,

tanto se había henchido de suspiros

que viendo vuestro humor tan bravío

uno de entre ellos se vio obligado

a no osar salir por la boca

y expresar su sentimiento

en mejor forma.

(Nótese que el autor habla de forma y no de contenido)

Según el Tratado sobre el pedo (anónimo, Siglo XIX, probablemente Francia) Existe una clasificación natural de los mismos entre los cuales vale la pena destacar los pedos simples a los cuales Príapo compara con la exploción de una odre:

Displosa sanat quantum vesica;

y por otra parte los pedos diptongados que sin dudas harán las delicias del lector:

Pedos diptongados:  Los compuestos de diferentes impulsos, golpe a golpe: semejantes a vientos continuos que se suceden unos a otros más o menos como quince o veinte pistoletazos casi simultáneos. Según el anónimo autor del tratado antes citado: una persona de constitución hercúlea puede hacer emerger una veintena como si de una ristra de ajos se tratara.

Clasificación según el anónimo tratado:

Pedos de provincia: Perpetrados sin ostentación burgesa. Naturales que conservan propiedades salinas semejantes al de las ostras recién subidas al bote. Curiosamente despiertan el apetito.

Pedos de maestros armeros: Cartas de campaña halladas en las vecinidades de Constantinopla señalan que los pedos de los maestros armeros en combate son terribles y que no sienta nada bien apreciarlos de cerca, ya que se trata siempre de pedos de pechera –es decir armas arrojadizas o volátiles de efectos nauseabundos–; se dice al respecto que hay que aproximarse a ellos con el florete en la mano.

Pedos de señoritas: Ejemplares exquisitos, sobre todo en las grandes ciudades donde se les confunde con la flor del naranjo debido a su refinado bouquet.

Pedos de jovencitas: Cuando son maduros parecen una suerte de desvanecimiento que hace enloquecer a los verdaderos conocedores.

Pedos de señoras: Sin gracia sino para los amantes, ya que los maridos rara vez les prestan atención.

Pedos burgueses: La burguesía de Rouen y la de Caen nos han facilitado una larga epístola en forma de disertación acerca de la naturaleza de los pedos de sus mujeres: nada nos gustaría más sino satisfacer ambas comisiones transcribiendo la totalidad de las diser-taciones, pero desgraciadamente, los límites que nos hemos impuesto nos lo prohiben. Diremos que en general el pedo burgués es de bastante buen aroma, especialmente cuando se trata de un pedo rollizo y bien acomodado. Sin constituir nada extraordinario, resultan entretenidos.

Pedos de alfareros: Son sucios, hediondos, pestilentes y manchan los dedos. No se les puede tocar por el riesgo a empastarse.

Pedos de geógrafos: Semejantes a veletas, giran a todos los vientos. Algunas veces, no obstante, se detienen del lado del Norte, es esto lo que los vuelve pérfidos.

Pedos de cornudos:  Foenum habent in cornu. Son de dos clases. Los unos son dulces, afables, espumosos. Corresponden a los de los cornudos voluntarios: no son malignos. Los otros son bruscos, sin razón y furiosos; hay que estar en guardia. Se parecen a los caracoles, que lo primero que asoman del caparazón es la cornamenta.

Pedos de hombres sabios: Estos últimos son preciosos, no por su volumen, sino por la nobleza del lugar donde se alojan y el fuelle que los alienta. Son bastante raros porque los sabios, postrados siempre sobre los bancos de la Academia, no pueden, en el transcurso de una asamblea pública, interrumpir una lectura importante para darles vuelo; se ven obligados a sodomizarlos para darles salvoconducto y no interrumpir el orden de las intervenciones, los trabajos y las lecturas. En revancha, los vigorosos, ya que son hijos de la soledad y de la libertad; por otra parte, los sabios de nuestros días comen más habas que gallinas cebadas.

En cuanto a los pequeños autores, como yo, disponemos de carta blanca; nos regocijamos con la bulliciosa armonía del pedo diptongado; tiene la capacidad de inspirarnos en la composición de odas, su estampido se disuelve agradablemente en el énfasis con el cual recitamos nuestros versos.

El célebre Boursault, ejecutó ciertamente múltiples y hermosos pedos, los cuales consideró con tanta equidad y buen gusto en su Mercurio galante.

Pedos de empleados: Estos son los mejor alimentados y hacen honor a la cocina de sus autores. Me ha sucedido muchas veces, frecuentando los despachos, asistir a una salva de pedos, con los cuales los chupatintas, indolentes y ociosos, gustan de saludarse recíprocamente. Se desarrolla en estos momentos la más bella y sonora batalla. Es un concierto bien mantenido y que no carece de brillantez.

Si estos señores no tienen otra cosa mejor que hacer, tienen razón, es necesario alegrar el tedio propio de las oficinas, y más vale pedarse para matar el tiempo que maldecir y redactar libelos o versos mediocres.

Hemos demostrado ya ampliamente los terribles y fulminantes inconvenientes que ocasionan el miedo a pedarse y no tengo nada que reprochar a estos laboriosos empleados que, más sabios que Metroctes, prefieren pasar por groseros, liberando al cautivo, que interrumpir su necesidad yendo a pedarse al corredor. A este respecto reza un proverbio: Más vale pedarse en compañía que ir a reventar solo a cualquier esquina”.

 


¡Buena Onda! Social Club




oprima Ctrl-D para marcar este tópico en favoritos

press Ctrl-D to bookmark this topic



translate this page to ENGLISH

Ya los antiguos le dispensaron a este fenómeno ventral de disímiles características una atención tan escatológica y penetrante como pueden llegar a serlo sus perfumes: Cicerón, Marcial, Hermógenes, Quintiliano, Horacio, Aristófanes, Claudio, Luciano y tantos otros.  

© Copyright 1999-2012 idoneos.com | Política de Privacidad