La resurreccion de Carlos Maria Ocantos

Apuntes Bio-bibliográficos sobre Carlos Maria Ocantos publicados en Hispamerica. No. 114. 2009. Estos apuntes, publicados por Saul Sosnowski en Hispamerica, resumen y sintetizan la biografía completa del autor aún sin publicar.

  • La resurrección de Ocantos

*Apuntes Bio-bibliográficos *

*Revista Hispamérica, Número 114. 2009.*

por Eduardo Montes-Bradley

El 26 de enero de 1956, el Vicario General de la Diócesis de Madrid-Alcalá autoriza la exhumación de los restos de Carlos María Ocantos. El 31 de agosto del mismo año, frente al nicho 34, segunda fila de adultos, del patio de Nuestra Sra. del Perpetuo Socorro en Camposanto, las autoridades hacen entrega del féretro del ilustre escritor a la misteriosa señora Sara Ramos.

I.

Carlos María Bernardino del Carmen Ocantos y Ziegler, nació el 20 de mayo de 1860 en el solar identificado con el número 115 de la calle Perú,[1]en la ciudad de Buenos Aires. Su padre, José Antonio Ocantos y Martínez (1833-1903), estuvo vinculado al poder institucional y político de la Nación.2(#_ftn2)  Su madre, María Luisa Ziegler Rejas, fue hija de Johann Karl August Ziegler (1801-1859)y de María Ignacia Rejas y Caballero de Negrón, “parienta cercana de Laprida, el patricio ilustre, firmante del Acta de la Independencia; abuela y madrina mía, que me adoraba, y a la que los nietos llamábamos Mama, sin el afrancesamiento del acento agudo”.[3]María Luisa tuvo una destacada actuación entre los voluntarios de la Asociación de Damas del Socorro para los Defensores de Buenos Aires durante la Revolución del 90.[4]

Eventualmente, la familia de Ocantos se traslada a la calle Alsina 636, aquella que Andersson –en su reseña biográfica5(#_ftn5) – refiere como lugar de nacimiento del escritor. La infancia y adolescencia de Ocantos transcurrieron entre aquella residencia y la que pertenecía a su abuela-madrina ubicada en la vereda sur de la calle Independencia, entre las de Balcarce y Defensa: “…casita modesta del barrio del Sur, que habría de servir de escenario a mi León Zaldívar.[6]Con los ojos de la memoria la veo tal cual era y acaso sea hoy mismo, a pesar de los terremotos del progreso:[7]baja, de una sola planta, con su sala de dos ventanas, en las que solía sentarse, por las tardes, mi tía Ignacia, tan guapa siempre y peripuesta…”  Según el propio Ocantos es allí donde se inicia en la lectura con The Woman in White,de Wilkie Collins, traducida al español.

En el discurrir de sus “Novelas argentinas”, Ocantos frecuenta el casco sur de Buenos Aires.Otros escenarios contemplan lo suburbano: bosques y lagos de Palermo, Tigre y Los Olivos. Este último paraje estaría inspirado en la vecindad del Caballito donde los Ocantos tuvieron residencia de verano durante algo más de una década. La así llamada “Quinta del Caballito”, adquirida en 1880, ocupaba la manzana hoy comprendida entre avenida Rivadavia, calle Del Barco Centenera, avenida Juan Bautista Alberdi y la calle Cachimayo, esta última conocida hasta 1895 como calle Ocantos.

Si bien citadinos, los Ocantos son propietarios de grandes extensiones de tierra y el ambiente rural juega un papel trascendente en su obra. La actividad ganadero-agropecuaria familiar se inicia con la enfiteusis de 60.000 hectáreas cedidas durante la administración de Rivadavia. Al favor presidencial le debe Ocantos el llamarse Bernardino.  Para Ocantos el campo fue un lugar de pertenencia emotiva al que designa “Trigal” y “Ombú”, entre otros nombres. La meticulosa descripción que hace de los paisajes urbanos y rurales, así como de personas, costumbres, tipos y fenotipos resulta un acabado retrato testimonial. Su obra puede ser considerada como una serie documental en la que cada episodio ha de “leerse” independientemente del resto, o donde la obra ha de ser tomada en su conjunto como si se tratase de un mismo film en la que los personajes trascienden las fronteras del campo y la ciudad con la misma parsimonia con la que habitan en más de una novela. Ese film documental que es la gran novela de Ocantos comienza a rodarse en Montevideo a principios de 1874, y concluye 75 años más tarde, en Madrid.

II.

La capitulación del general Mitre el 2 de diciembre de 1874 determina que José Antonio Ocantos, “mitrista conspicuo”, se refugie en Montevideo. Para entonces la familia está constituida por los padres, tres hermanos varones (José Antonio, Carlos María y Manuel), y una hermana menor: María Luisa. En Montevideo se instalan en el segundo piso de un edificio de dos plantas sobre la calle Rincón, a pasos de la plaza Matriz donde solían congregarse y conspirar los exiliados del fallido alzamiento porteño. El esclavo, la novela perdida, fue escrita en la terraza de aquel edificio. Según Ocantos, se trata de un texto romántico, un intento de aproximación a la novela histórica que transcurre en tiempos del virreinato. La novela tiene como protagonista a un esclavo que sabe de la incestuosa relación entre sus amos. El africano se debate ante el dilema: ¿hablar o callar? La novela no llega a publicarse y el manuscrito permanece desaparecido.

Un nuevo incidente político, el derrocamiento del presidente uruguayo Ellauri, determina que la familia vuelva a movilizarse y el 15 de abril de 1875 se embarcan a bordo del paquebot-poste L´Orénoque hacia Bordeaux. En París los Ocantos se asientan en un departamento de la rue de L’Arcade, a pasos de la Chapelle, en el 8e. arrondissement.  Por entonces la Académie Royale reiteraba su vocación de excluir a los vanguardistas que optaron por exhibir por cuenta propia fuera del Salón. La primera de estas exhibiciones tuvo lugar en el estudio fotográfico de Nadar en el Boulevard des Capucines, ambiente idealizado por Monet apenas un año antes. Dos retratos de Ocantos tomados por van Bosch en el estudio de Nadar dan cuenta de su presencia cuando irrumpe el impresionismo.  El descubrimiento de París y de los impresionistas puede haber sido determinante para su abandono del bachillerato, lo cual dio lugar a un enfrentamiento con su padre, que habría de convertirse años más tarde en el antagonista en Tobi.8(#_ftn8)

En el relato autobiográfico Pelillos a la mar, Ocantos manifiesta que su primer interés fueron las artes plásticas y no la literatura: “Y si esto no puede ser, seré literato… O los pinceles o la pluma. (…) O me dejas ser Velázquez o me hago yo Cervantes”, le habría dicho a su padre. Para impedir que sucumbiera a las “peligrosas inclinaciones y desatinados propósitos, contrarios a las corrientes del país”, el diputado ordenólos oficios de una misa cantada, con sermón y órgano, en la iglesia de San Ignacio.

En 1891 Ocantos viajó por segunda vez a París y dos años más tarde se publicó en Buenos Aires Lacruz de la falta,[9]su primera novela. Ese mismo año, el 23 de diciembre, Ocantos ingresa, merced a la influencia de su padre, como Oficial Segundo en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

III.

Su primer destino fue como Encargado de Negocios en Río de Janeiro, donde el escritor y diplomático Vicente Quesada se desempeñaba como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario desde febrero de 1883.10(#_ftn10) El 17 de julio de 1885 Ocantos fue ascendido a Oficial Segundo y designado Secretario de 1ra. clase en la misma legación.  La experiencia carioca, de escasos nueve meses, quedó esbozada en Libertas, novela que integra el volumen Carmucha.11(#_ftn11)Años más tarde, de visita en Buenos Aires, Ocantos evoca el encuentro con el emperador: “Dígame usted, señor Primer Secretario, ¿en cuántas batallas ha luchado para conseguir, tan joven, la jerarquía de coronel?”.  Ocantos reconocía haberse sentido profundamente avergonzado: “… le expliqué, balbuceando, la existencia del decreto que me obligaba a usar el uniforme. Cuando llegué a casa me quité las charreteras y escribí a mi padre una larga carta narrándole la incidencia y pintándole con vivos tintes el bochorno pasado. Mi padre conversó con el presidente de la República [Julio Argentino Roca], y a poco se dio un decreto dejando sin efecto el de la obligatoriedad del uniforme militar para los diplomáticos”.[12]  El 15 de setiembre de 1885 Ocantos regresa a la casa de sus padres y un año más tarde[13] es designado Secretario de 1ra. Clase a la Legación madrileña.[14]  

En su equipaje Ocantos llevaba copias de La cruz de la falta, borradores de una segunda (León Saldívar, que luego será León Zaldívar), y de una tercer novela (Quilito). En los salones, en el medio centenar de cafés del Parnaso,[15] en los jardines y las sociedades de todo tipo que surgen de la mañana a la noche se discute de todo, o casi todo. Numerosas publicaciones dan cuenta en columnas sociales y reseñas bibliográficas de la vasta actividad desempeñada por el diplomático argentino.

A dos años de su desembarco, se publica León Zaldívar,[16] primer tomo de la serie de novelas argentinas que se propone de antemano y que concluye, 41 años más tarde, con Fray Judas.[17] Andersson considera León Zaldívar como el “manifiesto literario” que revela “al mundo hispano-parlante que la República Argentina, hasta entonces carente de novelistas de renombre, había finalmente producido uno de talento” (p. 18).

La crisis institucional de 1890 determina la renuncia de Ocantos y su inmediato regreso. José Antonio, residente en París por aquel entonces, manda vender la quinta de Caballito y otras propiedades de valor para pagar deudas contraídas durante la crisis financiera.  Para Ocantos, los cinco años de permanencia en Buenos Aires son provechosos. El 1891 publica Quilito,[18] la novela con la que Ernesto Quesada iría a “toparse” en una librería para luego dedicarle un exhaustivo análisis[19] que incluye la consideración de otra: La Bolsa, de Julián Martel. Si bien escapa a sus pretensiones, el artículo acabará uniendo los nombres de Ocantos y Martel, lo cual resulta inaceptable en consideración de la magnitud y calidad de la obra de Ocantos.

Durante su estadía en Buenos Aires, Ocantos escribe tres novelas fundamentales que reflejan cabalmente su tiempo: Entre dos luces, El candidato y La Ginesa.[20] Al igual que en sus anteriores, Ocantos fraguó en éstas infinidad de alusiones. La sustitución y el ocultamiento de referencias es un juego que conoce bien y del que advertiría años más tarde: “Inútil será que busquen ustedes en la nomenclatura de los partidos provinciales el del Trigal, a donde acabamos de llegar después de tanto molimiento, porque no le hallarían, como tampoco hallaron los de Ombú y Las Piedras, sitios imaginarios en los que pasaron curiosos sucesos ya referidos. ¡Pues medrado andaría el autor si no cambiara los nombres y supiera despistar a la maliciosa curiosidad, que entre líneas gusta de filtrarse para descubrir intenciones y levantar la careta de los personajes!”.[21] De esa curiosidad, aunque no maliciosa, resulta el carácter autobiográfico de Quilito y de casi la totalidad de su obra. Durante su permanencia en Buenos Aires, Ocantos es objeto de elogio; Miguel Cané, por ejemplo, dijo en 1894: “Miro la labor de literaria de Carlos Ma. Ocantos con el mismo sentimiento que un jinete, montado en mala mula, ve desde la orilla deslizarse una barca sobre la serena superficie de un lago”.

La debacle financiera obliga a Ocantos a solicitar de Quesada, ahora embajador en España, el favor de reincorporarse a la legación en Madrid. La medida tiene como objeto alivianar la carga llevándose a su madre a España, preservándola así de la voracidad de los acreedores y el desprestigio social.  En 1895 Ocantos es destinado a Madrid donde establece residencia en el número 9 de la calle del General Castaños. En julio de 1896, Gómez de Baquero[22] reseña Tobi, la nueva novela de Ocantos, una vez más reveladoramente autobiográfica: “No diré que sea una novela excepcional, pero me parece una buena novela. Aunque no fuera conocido el nombre de su autor, ni en la portada del libro apareciera una ya larga lista de obras anteriores, bastaría la lectura de ésta para comprender que no es el ensayo de un principiante. El Sr. Ocantos es un literato formado, que conoce bien la parte profesional de su arte….”[23]

Leopoldo Lugones, de manera concluyente, examina la novela desde otra perspectiva: “Esta última obra del argentino Ocantos, aunque publicada en el extranjero, es una confirmación de que ha empezado la era intelectual para nosotros”.[24] Entre quienes avalan la labor literaria de Ocantos durante su estancia madrileña figuran Menéndez Pelayo, Manuel del Palacio, Jacinto Octavio Picón, Melchor Palau, Emilio Ferrari, Salvador Rueda, el marqués de Valdeiglesias, Pérez Galdós, el conde de las Navas, Juan Valera, Andrés Mellado y Salvador Rueda.  Con motivo de la incorporación de José María Pereda a la Real Academia Española, Ocantos reúne a muchos de ellos en una tertulia que merece el reconocimiento de las columnas sociales: “Banquete literario.- El distinguido literato D. Carlos Ma. de Ocantos, secretario de la legación Argentina, gusta de reunir con frecuencia en su elegante residencia de soltero llena de preciosidades artísticas, á ilustres escritores, con quienes mantiene estrechas relaciones de amistad (….)”.[25] Son esas amistades, precisamente, las que le aseguran el reconocimiento. Ese mismo año, 1897, Ocantos ingresa como miembro correspondiente de la Real Academia Española. Sin embargo, no todas las oportunidades le fueron favorables. Durante una velada en casa de la condesa Emilia Pardo Bazán, el argentino tropieza con Rubén Darío. Una sola frase del nicaragüense bastará para condenarle: “Carlos María Ocantos escribe novelas absolutamente españolas, cuyo argumento se desarrolla en Buenos Aires”.[26]  Ocantos no da lugar a dudas sobre su pertenencia, y al escribir lo hace en su lengua bonaerense que no es la de los argentinos que supone Darío sino la de su tribu bonaerense, anterior incluso a la creación de la Nación Argentina.

En octubre de 1897, Ocantos publica Promisión.[27] La novela no pasa desapercibida: “Son, en fin, personajes vulgares si se quiere, pero simpáticos, que profesan esa razonable filosofía inconsciente, que consiste en abstenerse de filosofar y en cultivar más asiduamente que el jardín de las ilusiones, el huerto de la vida real”.[28]  A partir de entonces, Ocantos multiplica sus intervenciones en folletines y revistas literarias y se convierte en un referente popular. Entre los cuentos de esa época que merecen atención cabe mencionar “El milagro de la Saleta”,[29] “Carrasquillo”,[30] “El pozo Negro”[31] y “La guitarra del diablo”;[32] entre las novelas, La viuda,[33] ilustrada con un aguafuerte de Triadó.[34]

En el primer número de la revista Unión Ibero Americana, aparecida en 1904 y donde también colaboró Juan Valera, Ocantos publica “¡Santiago y se abre España!”. Valera comenta: “La fama concede entre nosotros al señor Ocantos lo mismo ó más que en su tierra: el título y el lauro de buen novelista”. Los elogios se multiplican: “Si Carlos María Ocantos hubiera nacido diez años antes, su reputación sería hoy extraordinaria” (Pardo Bazán); “Ocantos lleva camino de alcanzar el dictado de Galdós argentino” (Gómez de Baquero); “Ocantos es honra y gala de la tierra argentina” (Benito Pérez Galdós).  Entre 1900 y 1904 Ocantos publica otras tres novelas: la ya citada Pequeñas miserias, Don Perfecto y Nebulosa y Mis cuentos.[35]

1903 no es un buen año: el 21 de enero muere José Antonio Ocantos. Destituido de toda fortuna vive sus últimos días en un puesto de campo, única propiedad que les queda como parte del acuerdo con los acreedores. Enterada de las noticias, María Luisa Ziegler de Ocantos muere el 18 de febrero y, según relata el propio Ocantos, habría ordenado embalsamar su cadáver que luego fue llevado a Buenos Aires para su entierro en el Cementerio de la Recoleta.

En 1906 Ocantos es designado representante del gobierno argentino ante un nuevo centenario de la primera edición del Quijote.[36] Un año más tarde aparece un segundo volumen de relatos breves: Sartal de cuentos.[37]  En 1910, después de las celebraciones del Centenario, Ocantos es designado Ministro Plenipotenciario ante Dinamarca y Noruega con lo que Cancillería pone fin al segundo interregno madrileño.

En Copenhague Ocantos establece residencia y despacho consular en una antigua dependencia del Palacio Real.[38] Lo acompañan su hermana y Bernardo Costa Millet, su secretario privado. Desde un primer momento el embajador se entrega a la tarea de retratar a sus nuevos vecinos con la devoción de un Mark Twain escandinavo: “Cuando llegué a Dinamarca (…) me sentí profundamente impresionado por aquellas almas singulares (…). Al conocerlos mejor, decidí escribir algunas novelas de ambiente danés”.[39]  En 1911 se publica El peligro,[40] y tres años más tarde Riquez, memorias de un viejo verde,[41] con la cual Ocantos vuelve a cosechar elogios. “Es esta novela digna de sus compañeras de colección, entre las cuales figuran algunas tan hermosas como Don Perfecto y Misia Jeromita,[42] publicadas en la Biblioteca Universal y en La Ilustración Artística respectivamente”. [43]

Las novelas de ambiente danés a las que hace referencia el autor son Fru Jenny, Til Leje, Det Tabte Paradis, Dame Café, Farvel y Spogelset y Fra Helsongor, reunidas en Fru Jenny.[44] “La primera edición de Fru Genny (sic) se hizo en español, en París. Rápidamente se conoció la novedad en Copenhague y se tradujo el libro al danés, haciendo constar el prologuista que, desde Cervantes, era yo el primer latino que escribía sobre cosas y costumbres de Dinamarca… Más o menos en 1917 visité al Rey Christian X, espíritu culto como pocos, y le obsequié con un ejemplar de mis novelas danesas”.45(#_ftn45)

La actuación de Ocantos como Ministro en Dinamarca estuvo signada por intrigas y escándalos que precipitaron su retiro de la diplomacia. Estas intrigas tuvieron como instigador principal al cónsul Andreas Henningsen, uno de sus más allegados colaboradores.  El 24 de enero 1916, alertado de que Henningsen  trabajaba al servicio de la Inteligencia Militar Danesa, Ocantos solicitó a Buenos Aires el relevo del espía[46] a lo que recibe respuesta satisfactoria. El 4 de enero de 1917[47] (¡casi un año más tarde!) Henningsen eleva un informe denunciando a Ocantos por homosexual y arribista y señalando a Bernardo Costa Millet como su partenaire. Las acusaciones son recíprocas y se complican. Henningsen redobla la apuesta y acusa a Ocantos de provocar la ira del reino con Fru Jenny, novela que juzga nefasta, y destaca que María Luisa, la hermana del embajador, es “una mujer ignorante y mala”. Vale la pena señalar que no se trata de sutilezas o chismes. Las ofensas de Henningsen son graves y constan en expediente: “Pregunten en Christianía, donde el señor Ocantos y su secretario gallego tenían dormitorio juntos durante su permanencia allí. Pregunten a los diplomáticos en Copenhague sobre el representante argentino, al ministro de España ó al doctor Brockdorf Ranzan[48] de Alemania ó al ministro yanqui Dr. Egaen[49] porqué S.M. el Rey no asiste más a las fiestas en las legaciones y les darán la contestación que es a causa del ministro argentino y su hermana y del secretario privado”.[50]  Durante los próximos seis meses Ocantos resiste en Friederikstrasse temiendo un atentado y espantado ante la posibilidad de la divulgación de lo que serían chismes infundados.  En los primeros días de enero de 1917, Ocantos recibe la noticia de la muerte de su hermano menor en París y ese mismo año renuncia al cuerpo diplomático con la intención de radicarse definitivamente en Madrid.

IV

El viernes 4 de abril de 1919, don Francisco Orfila Escobar, abogado, vecino de la villa de Madrid, vende al Excelentísimo Señor Don Carlos María Ocantos y Ziegler, mayor de edad, soltero, ciudadano argentino, ex-ministro Plenipotenciario, jubilado, por el precio de diez mil pesetas “un trozo de terreno en término de Aravaca” de 10.700 metros cuadrados levemente elevado con relación al contexto, lo que propicia una vista soberbia de la Moncloa. Ocantos ordena la construcción de una residencia en el estilo del palacio de los Duques de Peñaranda a la que nombra “Villa Buen Retiro”. Allí viviría los próximos años en compañía de su hermana María Luisa.   “De esa mansión recoleta, cercada de árboles frondosos y envuelta en una suave paz campesina, va saliendo, con nueva envoltura editorial, obras de universal renombre, ya traducidas a varios idiomas europeos”. [51]

Ocantos escribe a diario, dos horas por la mañana, rigurosa y metódicamente, “a primera hora, que es cuando la mente está más espejada”.52(#_ftn52) Es importante señalar que no es mucho, Ocantos no es un hombre rico. Sin embargo, la posición fuerte del peso argentino frente a la moneda española le permite vivir holgadamente de su jubilación y de alguna renta inmobiliaria. Con el tiempo Ocantos abandona la irreverencia de sus pretensiones vanguardistas y asume una postura conservadora, recogida: “Nunca tuve que recurrir a ningún estimulante. Me resultan ridículos en ese aspecto los parnasianos borrachos que necesitan espolear la inspiración. Ella misma debe ser el estimulante y si no se tiene no se debe escribir”.[53]

En 1922 Ocantos publica Victoria [54] y las seis comprendidas en el volumen El camión [55] íntegramente consagrado a motivos españoles. Un año más tarde aparece La cola de paja, [56] en la que el autor aborda, entre orgías, decrepitud y narcóticos, la decadencia de una clase en extinción. Los protagonistas son pares de un pasado irrecuperable. La cola de paja marca un quiebre fundamental en la percepción que Ocantos tiene de sus antiguos círculos de pertenencia y es galardonada con el “Premio hispanoamericano” que por única vez otorgó la RAE.

Ocantos parece haber recobrado el esplendor de los años anteriores a su designación como embajador en Copenhague. Desde su regreso trabaja para concluir la serie de novelas argentinas que se había propuesto en 1888. A La cola de paja le suceden La ola y El secreto del Doctor Barbado.[57] En 1927 aparece Tulia,[58] 18º. tomo de sus novelas argentinas que el autor inicia con la confesión velada de un incidente callejero que lo tuvo como protagonista y que fuera posiblemente el catalizador de su desvinculación con los estudios. Por momentos todo en Ocantos es autobiográfico. Quisiera señalar que el relevo de época que hace Ocantos de la vida en Aravaca (a la que se empeña en llamar Alharaca del Monte), es uno de los pocos testimonios de los que se tenga noticia sobre el lugar.  Escribe en El camión: “En lo alto de la sierra se empina Alharaca del Monte, dormitando al sol beatamente con su torre vetusta, sus casucas raquíticas, sus callejas torcidas y su enjambre de almas cubiertas de orín y de moho, cementerio de vivos no más poblado que el otro que, a espaldas de la iglesia, por las tapias ruinosas alza sus cipreses, centinelas de la muerte”.

Unaño más tarde se dan a conocer El emboscado,[59] donde el tono autobiográfico atiende a sus vicisitudes en relación al comercio de la literatura y otros gajes del oficio. En 1928 aparece El Locutor,[60] seis novelas de motivos españoles reunidas bajo el título de la primera. El locutor está escrita como si se tratase del diario íntimo de la señorita Fidelina, oriunda de Barcelona. Fidelina comienza advirtiendo que se propone consignar “con toda sinceridad” las impresiones de su vida como lo había hecho María Bashkirtseff (así homenajea a la escritora rusa). Cuando vengan los bolcheviques revela impresiones en torno al avance del comunismo al que Ocantos percibe más como una enfermedad que como un fantasma de paseo por Europa.

Corre el año 1929. Han transcurrido más de cuarenta desde la aparición de León Zaldivar y Ocantos finaliza la serie que se había propuesto con la publicación de Fray Judas. Son tiempos difíciles y el título le resulta provocador a la censura de Primo de Rivera.  ¨… Este su Fray Judas, a pesar de su título inquietante y de lo peligroso del tema (…), está tan discretamente tratado, que no despierta recelo. Ocantos no es sectario; es únicamente novelista que sabe observar y llevar a sus páginas lo que ve y estudia con absoluta imparcialidad y delicado pincel. (…) Esperamos que, después de Fray Judas, Carlos Ma. Ocantos no colgará su pluma de oro de la espetera”.[61]

En 1931 aparece Carmucha, volumen ya mencionado, en el que Ocantos pinta una serie de acuarelas de su paso por Brasil, Argentina, Noruega, Madrid y Galicia. Dos años más tarde se publica En el más allá…,[62] donde coinciden seis novelas entre las que cabe señalar Las uvas como la expresión más acabada de su impulso autobiográfico, impulso que denomina “Memorias en agraz”. En 1935 Ocantos concluye La Princesa está alegre,[63] últimas novelas cortas que incluyen La princesa está alegre, Playera; El mayor Tirano, amor, Mandinguita; El caso de Lina Pérez y Pelillos a la mar. Esta última es particularmente interesante en tanto revela aspectos absolutamente desconocidos de su primera novela, El esclavo.

El país que Ocantos había elegido para vivir su “buen retiro” estaba sangrando. La batalla final por Madrid pasó literalmente por el meridiano del comedor de la “Villa Buen Retiro” mientras su propietario buscaba darle término a una nueva novela: La amazona del amor. La “Villa Buen Retiro” fue arrasada durante la última batalla. La biblioteca, valiosos objetos de arte, incluyendo la casi totalidad de los cuadros que había pintado, y su archivo personal fueron destrozados por las bombas nacionalistas y la rapiña miliciana. En un último intento por salvar lo que se pudiera, Ocantos izó el estandarte argentino sobre la villa. Este gesto, que lo define, buscaba preservar la integridad del lugar. Horas más tarde una comitiva mínima de la embajada argentina con salvoconducto llegó con órdenes para trasladarlo. Tras un breve asilo en la representación, Ocantos se embarca a Buenos Aires.  Poco antes de partir entrega a sus editores el manuscrito de La amazona del amor,64(#_ftn64) “… cuyos últimos capítulos escribí y corregí en mi casa de Madrid, entre la metralla (...). Ignoro la suerte seguida por mi último libro: bien puede encontrarse la edición guardada en un sótano, y bien puede ser también que los ejemplares hayan volado, destruidos por la dinamita”. [65]  “Esta obra, concebida, escrita e impresa bajo la metralla, en el año 36, quedó sepultada en los sótanos de su imprenta en Madrid, por causa de los tristes acontecimientos españoles. Hoy al fin, puede salir a la luz. Que la suerte, que le fue negada al nacer, la acompañe al entregarse al público. CMO, Madrid, 1939. Año de la Victoria”.[66]

V

Habían pasado 26 años desde su última visita y el Buenos Aires al que regresa le resulta irreconocible. La casa de la calle Alsina había cedido espacio para la expansión de una avenida que ahora lleva el nombre del presidente que le abriera las puertas del cuerpo diplomático. De su familia inmediata sólo habrá de mencionar a Eduardo, hijo de su hermano José Antonio; el desprecio entre ambos es mutuo. La llegada a Buenos Aires le confirma que ya no era su mundo. Su empeño por retratar la realidad había acabado por convertirlo en documentalista. Nada de lo retratado en sus novelas argentinas persistía. Las formas, las miradas, la arquitectura y hasta el lenguaje se habían integrado a un universo que desconocía y que pretendía desconocerlo. Durante su visita, Ocantos concede al menos dos entrevistas y en una de ellas dice: “Mi mayor preocupación como escritor es honrar la patria. He trabajado toda mi vida para ofrecerle una obra que quizá no alcanzó en ella ese triunfo de librería que se obtiene muchas veces a base de crítica complaciente, buscando el halago del público con recursos artificiosos. Para eso es necesario también hacer concesiones al mal gusto imperante y tolerar los atropellos al idioma”.[67]

Ocantos regresó a España al finalizar la guerra civil motivado por el llamado a reconstruir el país. Lo hizo convencido que muchos otros escritores e intelectuales lo harían para reinsertarse en el proyecto franquista. Para entonces Ocantos era un anciano de 79 años.  A su llegada se encuentra con que nada queda de su “Villa Buen Retiro” y la devastación le obliga a deambular. Es incierto su destino aunque sabemos que continuó escribiendo y publicando. En 1940 concluye Floreteo,[68] volumen que incluye las muy homeopáticas Fraternidad, La hilacha, ¡Que solos se quedan… los vivos! (entrañablemente autobiográfica), Refugio y La oreja. Sus dos últimas novelas Entre naranjas[69] y El avionema del Diablo,[70] su último volumen de novelas, fueron escritas en la habitación de un hotel de la calle Covarrubias, 21, donde Ocantos muere el 30 de agosto de 1949.

Sus restos fueron inhumados el 31 de agosto a mediodía en el Camposanto de la Sacramental de San Justo. Firmó el acta como “El Interesado”, el señor Bernardo Costa Millet de quien nada hemos podido averiguar hasta la fecha.  Siete años más tarde, los restos de Ocantos fueron entregados a la señora Sara Ramos para su posterior repatriación y sepultura en el Cementerio de la Recoleta. Desde entonces y hasta la fecha, se desconoce su paradero.

Posdata: A las 11:00 horas del 18 de noviembre de 2009, tras cinco años de azaroso empeño, recibo la confirmación desde Buenos Aires y verifico que en la bóveda perteneciente a la Familia Ocantos (Sección 17, Cementerio de la Recoleta) se encuentra depositado el féretro que contiene los restos del escritor.

Eduardo Montes-Bradley. Córdoba, Argentina, 1960.  Cineasta, escritor y ensayista. Productor y director de 42 documentales sobre figuras fundamentales de la cultura Argentina. Entre estos últimos cabe mencionar “Hato The Borges”, “Cortázar: apuntes para un documental” y “Soriano”.  Más recientemente, “Calzada” (PBS) y “Che: Rise and Fall” (The National Geographic).  Ha publicado: Cortázar sin barba(2005) y Osvaldo Soriano, un retrato(2001) y colaborado en revistas latinoamericanas y europeas.  Actualmente reside en EE.UU.

Notas

1(#_ftnref)Acta bautismal del 2 de agosto, Parroquia de San Ignacio. Libro de Bautismos de la Parroquia de la Catedral al Sud de San Ignacio, Año de 1860, No. 301.

2(#_ftnref)Vicente Osvaldo Cutolo, Nuevo diccionario biográfico argentino (1750 – 1930), Buenos Aires, Elche, 1978, tomo V, p.106.

3(#_ftnref)Ocantos, En el más allá, Madrid, Imprenta de Galo Saez, 1933. p. 221.

4(#_ftnref)Eduardo Gutiérrez, La muerte de Buenos Aires, Buenos Aires, Hachette, 1959, p. 276.

5(#_ftnref)Theodore Andersson, Carlos María Ocantos, Argentine Novelist. A Study of Indigenous French and Spanish Elements in His Work, New Heaven, CT, Yale University Press, 1934. Chapter II, p. 13.  Todas las citas corresponden a esta edición y se indicarán en el texto.

6(#_ftnref)Ocantos, Las uvas(De unas memorias en agraz), incluido en “En el más allá…”, p. 221.

7(#_ftnref)  El ensanche de lo que es hoy la avenida Independencia no dejó rastros del lugar.

8(#_ftnref)Tobi, “Novelas argentinas VI”,  Madrid, Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno.1896.

9(#_ftnref)La cruz de la falta, Buenos Aires, Imprenta de Pablo E. Coni, 1883, 179 pp.

10(#_ftnref)Vicente G. Quesada, Mis Memorias diplomáticas, Misión ante el gobierno del Brasil, Primera Parte. Buenos Aires, Imprenta de Coni Hermanos, 1908.

11(#_ftnref)Carmucha. Nuevas novelas cortas, Madrid, Imprenta Galo Saez, 1931, 233 pp. Incluye las novelas Carmucha, Hijo y juez, Una aventura de la Peñascales, Libertas, Voksenkollen y Las partijas.

12(#_ftnref)Revista Para Tí, 5 de octubre de 1937. Entrevista a Carlos María Ocantos.

13(#_ftnref)Resolución tomada el 21 de agosto de 1886 y en efecto a partir del 1º de octubre.

14(#_ftnref)Norberto Quirno Costa, Memoria de Relaciones Exteriores, 1887.

15(#_ftnref)Nombre con el que se conocía al área limitada por las calles Atocha, Jesús de Mendinaceli, la Carrera de San Jerónimo y la Plaza Jacinto Benavente.

16(#_ftnref)León Zaldívar. “Novelas argentinas I”, Madrid, Imprenta de Fortanet, 1888, 321 pp. Traducida al portugués por Biblioteca Correio da Manha, Rio de Janeiro, y al inglés, con vocabulario para uso de estudiantes, por la Universidad de California, 1937.

17(#_ftnref)Fray Judas, “Novelas argentinas XX”, Madrid, Tip. de la “Rev. de Arch., Bibl. y Museos”, 1923, 377 pp.

18(#_ftnref)Quilito. “Novelas argentinas II”, Paris, Librería española de Garnier Hermanos, 1891, 284 pp. Traducida al portugués por Biblioteca Correio da Manha, Rio de Janeiro.

19(#_ftnref)Ernesto Quesada, Dos novelas psicológicas, Buenos Aires, Imprenta, Litografía y Encuadernación de Jacobo Peuser, 1892, 223 pp.

20(#_ftnref)Entre dos luces, “Novelas argentinas III”,  Buenos Aires, Imprenta Peuser, 1892, 433 pp.; El candidato. (Segunda parte de Entre dos luces), “Novelas argentinas IV”, Buenos Aires, 1894; La Ginesa, “Novelas argentinas V”, Buenos Aires, Imprenta de P.E. Coni e Hijos, 1894, 430 pp.

21(#_ftnref)Pequeñas miserias, “Novelas Argentinas IX”, Madrid, Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno, 1900, p. 35.

22(#_ftnref)Eduardo Gómez de Baquero, más conocido por su seudónimo Andrenio (Madrid, 1866-1929) periodista y crítico literario, Doctor en Filosofía y Letras y en Derecho por la Universidad Central de Madrid, publicó miles de artículos en los que rara vez le perdonara la vida a los autores reseñados. Fue también un destacado jurista.

23(#_ftnref)La España Moderna, “Crónica Literaria”, revista cultural dirigida por José Lázaro Galdiano.

24(#_ftnref) “Algunos juicios acerca de Carlos María Ocantos”. Primera edición de El avionema del Diablo, Madrid, 1943.

25(#_ftnref)Monte-Cristo, El imparcial, Sección: Ecos de sociedad (21 de enero de 1897), p. 3.

26(#_ftnref)Rubén Darío, La vida de Rubén Darío escrita por él mismo, Barcelona, Casa Editorial Maucci, 1912.

27(#_ftnref)Promisión, “Novelas argentinas VII”, Madrid, Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno, 1897, 407 pp.

28(#_ftnref)Gómez de Baquero, La España moderna, IX, 106 (1897), p. 132.

29(#_ftnref)La ilustración artística, 1024 (12 de agosto de 1901), p.523.

30(#_ftnref)Ibid., 1042 (16 de diciembre de 1901), p. 811.

31(#_ftnref)Ibid., 1148 (1 de enero de 1904), p. 15.

32(#_ftnref)Ibid., Suplemento al número 1096. p.17. Ilustración de Mas y Fondevilla. 1903.

33(#_ftnref)La viuda, Madrid, Prensa Gráfica, 1925, 59 pp.

34(#_ftnref)La ilustración artística, 1040 (2 de diciembre de 1901), p. 779.

35(#_ftnref)Don Perfecto, “Novelas Argentinas X”, Barcelona, Montaner y Simón, 1902, con grabados, 295 pp.; Nebulosa, “Novelas Argentinas XI”, Madrid, Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno, 1904, 408 pp.; Mis cuentos, Primera serie, Madrid, Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno, 1904, 129 pp. Incluye: “Miss Alice”, “La baraja”, “El milagro de la Saleta”, “Dios da turrón”, “Cascarrillo”, “Las tres esmeraldas”, “Antropos”, “La viuda”, “La guitarra del diablo”, “Anarquismo”, “El pozo negro”, y “¡Santiago y abre España!”.

36(#_ftnref)El Imparcial. Madrid, Lunes 8 de mayo de 1906.

37(#_ftnref)“Sartal de cuentos”, Madrid, Biblioteca Patria, 1907, 137 pp. Con ilustraciones de Luis Palao.

38(#_ftnref)Frederiksgade, 15. Copenhague. Incluye: “Al que leyere”, “Pasillo Infernal”, “Gloria”, “La baraja”, “Sor Poli”, “El Yimbahé”, “Antropos”, “Las tres esmeraldas”, “Libertas”, “Psicología”, “El pozo negro”, “Tripitas”, “Escuela elemental”, “Dios da turrón”, “Leyenda colombiana” y “Resurrexit”.

39(#_ftnref)Segundo B. Gauna en su entrevista a Ocantos en El Hogar.

40(#_ftnref)El peligro, “Novelas Argentinas XII”, Madrid, Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno, 1911.

41(#_ftnref)Riquez, memorias de un viejo verde, “Novelas Argentinas XIII”, Madrid, Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno, 1914, 478 pp.

42(#_ftnref)Misia Jeromita, “Novelas argentinas VIII”, Madrid. Establecimiento tipográfico de Idamor Moreno, 1900, 403 pp.

43(#_ftnref)La Ilustración Artística, 5 de abril de 1915.

44(#_ftnref)Fru Jenny: seis novelas danesas, Paris, Casa Ed. Hispanoamericana, 1914, 232 pp.

45(#_ftnref)Segundo B. Gauna, Entrevista a CMO, El Hogar, p 5. Fecha de publicación no disponible.

46(#_ftnref)Telegrama Cifrado No. 387 del 12 de mayo de 1916: “El cónsul situación insostenible. Ha roto las relaciones con la legación alzándose contra mi autoridad. Pido destitución inmediata para reorganizar la oficina antes de hacer uso de la licencia”.  La respuesta llegó ese mismo día.

47(#_ftnref)Carta dirigida al “Sr. Subsecretario” para su inclusión en “el legajo personal del Ministro en Copenhague (sic) señor CMO, Copehnague (sic) el 4 de enero de 1917.

48(#_ftnref) Ulrich Graf von Brockdorff-Rantzau (1869–1928). Embajador alemán en Copenhague, 1er. Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Weimar y embajador ante la URSS en la década del 20.

49(#_ftnref)Dr. Maurice Francis Egan fue embajador de los EE.UU. en Dinamarca.

50(#_ftnref)Ídem 59, Folio 3.

51(#_ftnref)Prólogo a la edición de La viuda, Madrid, Publicaciones Prensa Gráfica, 23 de febrero de 1925, p 8.

52(#_ftnref)Revista Para Ti, 5 de Octubre de 1937.

53(#_ftnref)Ibid.

54(#_ftnref)Victoria, “Novelas argentinas XIV”, Madrid, Impr. de la Revista de Archivos, 1922, 372 pp.

55(#_ftnref)El camión, Madrid, Impr. de la Revista de Archivos, 1922, 372 pp. Incluye: La maruesa se divierte, La virgen melonera, La tragicomedia del garbanzo y Antoñín.

56(#_ftnref)La cola de paja, “Novelas argentinas XV”, Madrid, Impr. de la Revista de Archivos, 1923, 313 pp.

57(#_ftnref)La ola, “Novelas Argentinas XVI”, Madrid, Impr. de la Revista de Archivos, 1925, 340 pp.; El secreto del Doctor Barbado, “Novelas Argentinas XVII”, Madrid, Impr. de la Revista de Archivos, 1926, 346 pp.

58(#_ftnref)Tulia, “Novelas argentinas XVIII”, Madrid, Impr. de la Revista de Archivos, 1927, 362 pp.

59(#_ftnref)El emboscado, “Novelas argentinas XIX”, Madrid,  Impr. de la Revista de Archivos, 1928, 382 pp.

60(#_ftnref)El locutor, Madrid, Librería y casa editorial Hernando, 1928. 274 pp. Con ilustraciones a pluma de Máximo Ramos. Incluye: El locutor, Cuando vengan los bolcheviques, Don Preciso, Caza mayor, Las Angustias de doña Martirio y La Viuda. Curiosamente, “locutor” es vocablo que Ocantos somete con éxito a consideración de la RAE en sustitución de speaker.

61(#_ftnref)Guillén Salaya, El Imparcial, Mirador Literario, Desfile de libros, 14 de abril de 1929 p. 3.

62(#_ftnref) “En el más allá…” Madrid, Imprenta de Galo Saez, 1933, 263 pp. más índice y comentarios editoriales. Incluye: En el más allá…, Sacrificio, Resurrexit, Nicasia, la mandona, Antigüedades y *Las uvas. *

63(#_ftnref)La princesa está alegre (Últimas novelas cortas), Madrid, Imprenta de Galo Sáez, 1935. 282 pp. más índice. Incluye: La princesa está alegre, Playera, El mayor Tirano, amor, Mandinguita, El caso de Lina Pérez y Pelillos a la mar.

64(#_ftnref)La amazona del amor, Madrid, Imprenta de Galo Sáez, 1936, 413 pp.

65(#_ftnref)Segundo B. Gauna, Entrevista a Ocantos, El Hogar. 1937.

66(#_ftnref)Esquela impresa en papel naranja, insertada en las copias del la primera edición del libro.

67(#_ftnref)Lauro Palma, Entrevista a CMO, Para Tí (5 de octubre de 1937) durante su última visita a Buenos Aires.

68(#_ftnref)Floreteo, Segunda serie de novelas cortas, Madrid, Imprenta Aldus de Artes Gráficas, 1942,  237 pp.

69(#_ftnref)Entre naranjas, Madrid, Imprenta Aldus, S.A. de Artes Gráficas, 1942,248 pp.

70(#_ftnref)El avionema del diablo, Madrid, Imprenta Sáez. Buen Suceso, 1943, 241 pp. Incluye las novelas: El avionema del diablo, Un hijo, El yugo, Envidiositis, Entre la ¨boite¨ y el ¨copetín¨, Doña Vitamina. 


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