Soja Party

Hubo una vez, en un reino muy lejano, monarcas que hacían su voluntad incuestionable. Los caprichos reales eran impuestos por la fuerza, hasta que un buen día se quedaron sin policía que les hiciera caso y fue ahí cuando comenzaron los problemas. La corona no tuvo entonces más remedio que buscar la colaboración de sus súbditos y fue así como nació el Parlamento. Esa forma de cooperación ha regido Inglaterra desde entonces hasta nuestros días aunque, cabe destacar, hubieron momentos aciagos, pretensiones absolutistas, católicos al acecho y guerras civiles por las que más de uno (empezando por Charles I) perdieron piñon y corona.

  • The Buenos Aires Soja Party

Por Eduardo Montes-Bradley

Hubo una vez, en un reino muy lejano, monarcas que hacían su voluntad incuestionable. Los caprichos reales eran impuestos por la fuerza, hasta que un buen día se quedaron sin policía que les hiciera caso y fue ahí cuando comenzaron los problemas. La corona no tuvo entonces más remedio que buscar la colaboración de sus súbditos y fue así como nació el Parlamento. Esa forma de cooperación ha regido Inglaterra desde entonces hasta nuestros días aunque, cabe destacar, hubieron momentos aciagos, pretensiones absolutistas, católicos al acecho y guerras civiles por las que más de uno (empezando por Charles I) perdieron piñon y corona.

Algunos años más tarde y para terminar definitivamente con las pretensiones absolutistas, el Parlamento promulgó una Declaración de De-rechos (Bill of Rights, 1689)querestringía**las atribuciones divinas: basta de facultades extraordinarias; nada de retenciones al agro; no más designa-ciones de parientes del interior y ni qué hablar de despilfarrar el erario sin el consentimiento del cuerpo legislativo.

Muchos años más tarde, los colonos de Nueva Inglaterra cues-tionaron la legitimidad de tarifas aduaneras aplicadas al té de la China basándose en lo previsto en referida la Declaración de Derechos. “No taxation without representation”pasó a convertirse en lema instrumental de lo que acabaría siendo una causa revolucionaria. La corona buscó sortear la dificultad aludiendo que todos los súbditos gozaban de igual representación parlamentaria sólo que, en algunos casos, esa represen-tación era “virtual”. La Virtual Representation suponía que aquellos que no tuviesen voto estaban contemplados en el de los que sí lo tu-vieran, por similitud y afinidad and go plunk yourself. El artilugio, si bien astuto, no hizo mella entre los patriotas que entendían que el tributo impuesto sin representación concreta era propio de las tiranías católi-cas. El affaire desencadenó The Boston Tea Party,que fue la chispa que encendió la mecha de la Guerra de Independencia Americana y del pri-mer  experimento republicano de la Historia. 

Doscientos treinta y cinco años más tarde, y trescientos dieci-nueve después de la promulgación del Bill of Rights, los argentinos se-guimos buscando la manera de fijarle límites a las ambiciones desme-didas del monarca o tiranía de turno. Se me ocurre que esto va para largo y que es bueno que así sea. Alfredo De Angelis pareciera intuir que la representación virtual es tan despreciable como las listas sábana y que en la Cámara de Disputados no va a encontrar respuestas a los interro-gantes del campo. La Fernández y el Príncipe consuerte no alcanzan a percibir siquiera la verdadera dimensión del conflicto. Con un voca-bulario frágil de veinte términos políticamente correctos, la adhesión de bufones prebendarios y una canción desesperada, los Kirchner no dejan de poner a prueba cotidianamente la paciencia de los argentinos. Pero como diría quien fuera que lo hubiera: “No hay mal que dure cien años ni culo que lo aguante…”** 

Quizá haya llegado, después de todo, la hora del Buenos Aires Soja Party en Puerto Madero, y la mecha espera. Sólo los legítimos re-presentantes (disputados abstenerse) pueden decretar nuevos impuestos y legislar en nombre de sus representados. La discusión no puede ni de-be darse en las plazas, ni en carpas ni frente a las cámaras de televi-sión. Pero para que así sea, habrá que considerar la postergada refor-ma política y una declaración de derechos real que garantice la repre-sentatividad de los ciudadanos a la que el peronismo se resiste por reaccionario, antidemocrático y mañero. 

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